MÉXICO, EN EMERGENCIA EDUCATIVA. José J. Castellanos

(Proporcionado por Salvador Flores LLamas)
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México, en emergencia educativa PDF Imprimir E-Mail
escrito por José J. Castellanos
miércoles, 19 de septiembre de 2012
Quizá para algunos el tema de la situación educativa del país está sobre diagnosticado. Desde distintos ámbitos, no sólo nacionales, sino internacionales, se ha mostrado de manera reiterada el desastre educativo que vivimos. Las continuas evaluaciones que se realizan muestran los bajos niveles de aprovechamiento del alumnado, los problemas de deserción, los ninis, etc. También resulta recurrente el señalamiento a los docentes como responsables de tal situación. Pareciera que en esta materia estamos en un callejón sin salida.
Pese a todos los datos disponibles, hacía falta un diagnóstico más profundo y más amplio de esta realidad, ya que los datos, aunque ciertos en muchos aspectos, no abarcaban la totalidad del problema y, por lo mismo, también arrojaban diagnósticos insuficientes.
Ahora, la Conferencia del Episcopado Mexicano se ha sumado al análisis de la problemática que vivimos, mediante la emisión del documento “Educar para una nueva sociedad”, que contiene un conjunto de reflexiones sobre la educación en México y emite un conjunto de orientaciones al respecto. No se trata de un diagnóstico más, sobre todo de los aspectos cualitativos de la educación, sin olvidarlos, sino de una visión que no reduce al ámbito escolar el tema, ni responsabiliza a una sola de las partes, sino que señala que ésta es una responsabilidad compartida.
El Episcopado recuerda que estamos en un cambio de época, lo cual significa una transformación profunda de la realidad, no sólo en México sino en todo el mundo, por lo que es en este contexto donde debemos ubicar la problemática educativa a la que nos enfrentamos. No se trata sólo de bajos niveles de educación, sino de algo mucho más profundo, puesto que los primeros se refieren a mediciones cuantitativas resultantes de la instrucción, sino de los problemas axiológicos, de la transmisión de valores intergeneracionales, que habrán de determinar el futuro de la sociedad.
Por ello, y siguiendo al Papa Benedicto XVI, se habla de una verdadera “emergencia educativa”. Para los obispos, las realidades sociales, económicas, políticas, culturales y religiosas “que estamos padeciendo”, son efecto de esta emergencia. La palabra “padecer” resulta muy fuerte, implica el sufrimiento de un daño, la presencia de algo nocivo y desventajoso, pero no sólo desde la perspectiva de la competitividad internacional o las posibilidades de empleo para las nuevas generaciones, sino, sobre todo por el peligro que los obispos ven de que México pierda sus valores identidad, que son profundamente cristianos.
Los obispos retoman del documento preparatorio para el próximo Sínodo de Obispos a celebrarse en Roma, la definición de lo que es la emergencia educativa a nivel mundial, y vale la pena reproducirlo, pues es desde esta perspectiva que se analiza lo que está ocurriendo en México y que merecerá varios comentarios, por su amplitud.
De acuerdo con la cita, la emergencia educativa consiste en que “ya no somos capaces de ofrecer a los jóvenes, a las nuevas generaciones, lo que es nuestro deber transmitirles”, es decir, los valores que dan fundamento a la vida, con lo que se olvida el objetivo esencial de la educación: “la formación de la persona para hacerla capaz de vivir en plenitud y de dar su contribución al bien de la comunidad”. De ahí que se demande una educación auténtica y la necesidad de verdaderos educadores. Esta es una demanda que va in crescendo, pero que no todos asumimos como propia y realizamos las tareas que nos corresponden: padres, maestros, sindicatos, medios de comunicación y autoridades.
Como es de suponerse, los prelados abordan su análisis desde la antropología cristiana, desde una concepción integral de la persona, cuya centralidad se afirma por sobre todo y que, a su vez, demanda una educación que abarque al educando en toda su realidad y no de manera parcial, insuficiente e incluso equivocada, como está ocurriendo en la actualidad.
Se afirma el papel fundamental de la familia, como primer instancia educadora y que como consecuencia de la crisis que afecta a muchas familias, no está cumpliendo. Desde luego se reconoce el papel del magisterio y su trascendental labor, así como la exigencia de formar a los formadores; los obispos reclaman para la Iglesia el reconocimiento de lo que ha hecho en esta materia y lo que puede seguir haciendo, y reconocen la necesidad de la unión de esfuerzos entre sociedad y gobierno para enfrentar esta emergencia.
Finalmente hay que enfatizar en el señalamiento de los medios de comunicación, que tanta influencia tienen en la actualidad, para que sean vistos como medios y no como fines, y quienes participan en ellos reconozcan y asuman su función educativa. El amplio documento de los obispos es de lectura obligatoria y aplicación urgente para todos los que estamos comprometidos con la educación, que somos todos, si es que queremos superar las terribles situaciones que hoy padecemos, que se condenan y combaten en sus efectos, pero sin atender a sus causas.
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