ANÁLISIS A FONDO. Gómez Maza. GUERRA A MUERTE EN EL PAN

Reunión con Zapatero y Calderón en Nueva York

Image via Wikipedia

JUE 14-07-11

Francisco Gómez Maza

Análisis a Fondo: Guerra a muerte en el PAN

·    Pobre México, tan lejos de dios…

·    Y sí importa el tamaño… en política

Dentro de un año, por estas fechas, los mexicanos habrán “elegido” ya  al nuevo presidente de la república. Si no se acaba el mundo.

Las condiciones políticas, económicas y sociales,  por el momento, con todo,  no son aires a favor del partido oficial. El desgaste del presidente Felipe Calderón ha sido fenomenal. Han herido de muerto al conservador Partido de Acción Nacional, tanto como han anulado las posibilidades del presidente “socialista”, José Luis Rodríguez Zapatero, y de su negocio, el Partido Socialista Obrero Español.

El combate al narcotráfico, con su secuela de muerte, aparentemente de la gracia de una mayoría de ciudadanos, es el talón de Aquiles de Calderón y del PAN, por el asunto de las repetidas violaciones a los derechos humanos, que no acepta el gobierno.

Conspiran también en su contra los logros favorables en materia económica para los grandes detentadores de los grandes medios de producción – las empresas globalizadas y una que otra criolla, mestiza o naturalizada -,  que no para los millones de trabajadores que han visto reducido su poder de compra en los últimos años. Y no me diga lo contrario, señor Cordero, porque sus propias cifras me dan la razón. No sólo es “cuestión de enfoque”, o de ver el vaso medio vacío o medio lleno. Esta es una “jalada”, como se dice en lenguaje popular.

La resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en el sentido de que los militares acusados de violadores deban ser juzgados no por tribunales castrenses, sino por civiles, quiérase o no, significó un golpe al corazón presidencial.

La tarea del presidente en su intento por mantener al PAN en el poder presidencial resulta titánica y, por los hechos, ineficaz. Difícilmente, la mediática albiceleste podría crear un candidato presidencial al modo de la mayoría de los votantes, como lo hizo con Vicente Fox y el propio Calderón, en momentos en que el dictatorial PRI o “el peligro para México” amenazaban la estabilidad librecambista.

La caballada (acuñada por el infaustamente inmemorial cacique priísta guerrerense, Rubén Figueroa, el viejo, está flaca dentro del PAN. Ayer decíamos que es grisácea. Ni siquiera gris.

Santiago Creel Miranda, Josefina Vázquez Mota, Alonso Lujambio, Ernesto Cordero, Javier Lozano, Emilio González Márquez, seamos honestos, no hacen uno, por más que Cordero y Creel porfíen. Y Calderón necesita, está urgido, de un personaje – un personajajazo, diría el inolvidable ingeniero José Álvarez Icaza Manero -. Alguien que no sólo le cubra las espaldas, sino que garantice la continuidad de la política calderonista, sobre todo la guerra contra el narco y el crimen organizado, que suplantó a la política de creación de empleos – “El presidente del empleo”, ¿recuerdan la campaña electoral de Calderón?) – y la política económica de privilegiación del capital sobre la fuerza de trabajo.

El oficialismo panista tendría que dar un golpe mortal a su oposición. Una acusación de involucramiento en el narcotráfico para el priísta Enrique Peña Nieto, por ejemplo, pero con pruebas contundentes, en un intento de despejar el camino para el continuismo albiceleste.

De otra manera, las posibilidades del panismo de mantener por un tercer sexenio la silla presidencial se antojan sombrías.

Pero de todo se puede especular.

Andrés Manuel López Obrador anda en campaña desde hace cuatro años y medio, como “presidente legítimo”. Creó el Movimiento de Renovación Nacional (Morena), que arrasaría en el estado de México y llevaría a la gubernatura a Alejandro Encinas.

Enrique Peña Nieto, gobernador de ese estado, da por hecho que él será el candidato de unidad priísta.

Los panistas no sólo no acaban de resolver sus pugnas internas, en las que, contradictoriamente, el presidente Calderón lleva las de perder, sino que están metiéndose en camisa de once varas, de la cual saldrán muchos descalabrados y pueden atentar, no sólo contra el continuismo en el poder, sino contra la misma unidad del partido. No tiene candidatos del “tamaño”, porque ha de usted saber que “el tamaño sí importa” en política, aunque no en el sexo.

Y los perredistas andan como un perrito sin dueño, correteando y ladrando en medio de una vía rápida y a la hora de mayor tránsito de coches. El único, Marcelo Ebrard Cassaubón, gobernador del Distrito Federal, no prende. Su alcurnia social no le da para involucrarse con los ciudadanos del llamado sector popular.

Pobre México, tan lejos de dios y tan cerca de prospectos presidenciales tan mediocres.

A desfondo: Cuánta razón tiene el admirado colega Francisco Rodríguez. En su Índice Político de hoy afirma una verdad verdaderamente verdadera: Las comparecencias de ocupantes de oficinas públicas ante comisiones del Poder Legislativo son un fiasco. Los legisladores preguntan lo que quieren, y los comparecientes también responden lo que quieren…

http://analisisafondo.blogspot.com/

analisisafondo@cablevision.net.mx

Francisco Gómez Maza
Analisis a Fondo

@ANALISISAFONDO

JUE 14-07-11 (PARA LAS EDICIONES DEL VIERNES 15 DE JULIO)

Francisco Gómez Maza

Análisis a Fondo: Guerra a muerte en el PAN

 

 

·         Pobre México, tan lejos de dios…

 

·         Y sí importa el tamaño… en política

Dentro de un año, por estas fechas, los mexicanos habrán “elegido” ya  al nuevo presidente de la república. Si no se acaba el mundo.

Las condiciones políticas, económicas y sociales,  por el momento, con todo,  no son aires a favor del partido oficial. El desgaste del presidente Felipe Calderón ha sido fenomenal. Han herido de muerto al conservador Partido de Acción Nacional, tanto como han anulado las posibilidades del presidente “socialista”, José Luis Rodríguez Zapatero, y de su negocio, el Partido Socialista Obrero Español.

El combate al narcotráfico, con su secuela de muerte, aparentemente de la gracia de una mayoría de ciudadanos, es el talón de Aquiles de Calderón y del PAN, por el asunto de las repetidas violaciones a los derechos humanos, que no acepta el gobierno.

Conspiran también en su contra los logros favorables en materia económica para los grandes detentadores de los grandes medios de producción – las empresas globalizadas y una que otra criolla, mestiza o naturalizada -,  que no para los millones de trabajadores que han visto reducido su poder de compra en los últimos años. Y no me diga lo contrario, señor Cordero, porque sus propias cifras me dan la razón. No sólo es “cuestión de enfoque”, o de ver el vaso medio vacío o medio lleno. Esta es una “jalada”, como se dice en lenguaje popular.

La resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en el sentido de que los militares acusados de violadores deban ser juzgados no por tribunales castrenses, sino por civiles, quiérase o no, significó un golpe al corazón presidencial.

La tarea del presidente en su intento por mantener al PAN en el poder presidencial resulta titánica y, por los hechos, ineficaz. Difícilmente, la mediática albiceleste podría crear un candidato presidencial al modo de la mayoría de los votantes, como lo hizo con Vicente Fox y el propio Calderón, en momentos en que el dictatorial PRI o “el peligro para México” amenazaban la estabilidad librecambista.

La caballada (acuñada por el infaustamente inmemorial cacique priísta guerrerense, Rubén Figueroa, el viejo, está flaca dentro del PAN. Ayer decíamos que es grisácea. Ni siquiera gris.

Santiago Creel Miranda, Josefina Vázquez Mota, Alonso Lujambio, Ernesto Cordero, Javier Lozano, Emilio González Márquez, seamos honestos, no hacen uno, por más que Cordero y Creel porfíen. Y Calderón necesita, está urgido, de un personaje – un personajajazo, diría el inolvidable ingeniero José Álvarez Icaza Manero -. Alguien que no sólo le cubra las espaldas, sino que garantice la continuidad de la política calderonista, sobre todo la guerra contra el narco y el crimen organizado, que suplantó a la política de creación de empleos – “El presidente del empleo”, ¿recuerdan la campaña electoral de Calderón?) – y la política económica de privilegiación del capital sobre la fuerza de trabajo.

El oficialismo panista tendría que dar un golpe mortal a su oposición. Una acusación de involucramiento en el narcotráfico para el priísta Enrique Peña Nieto, por ejemplo, pero con pruebas contundentes, en un intento de despejar el camino para el continuismo albiceleste.

De otra manera, las posibilidades del panismo de mantener por un tercer sexenio la silla presidencial se antojan sombrías.

Pero de todo se puede especular.

Andrés Manuel López Obrador anda en campaña desde hace cuatro años y medio, como “presidente legítimo”. Creó el Movimiento de Renovación Nacional (Morena), que arrasaría en el estado de México y llevaría a la gubernatura a Alejandro Encinas.

Enrique Peña Nieto, gobernador de ese estado, da por hecho que él será el candidato de unidad priísta.

Los panistas no sólo no acaban de resolver sus pugnas internas, en las que, contradictoriamente, el presidente Calderón lleva las de perder, sino que están metiéndose en camisa de once varas, de la cual saldrán muchos descalabrados y pueden atentar, no sólo contra el continuismo en el poder, sino contra la misma unidad del partido. No tiene candidatos del “tamaño”, porque ha de usted saber que “el tamaño sí importa” en política, aunque no en el sexo.

Y los perredistas andan como un perrito sin dueño, correteando y ladrando en medio de una vía rápida y a la hora de mayor tránsito de coches. El único, Marcelo Ebrard Cassaubón, gobernador del Distrito Federal, no prende. Su alcurnia social no le da para involucrarse con los ciudadanos del llamado sector popular.

Pobre México, tan lejos de dios y tan cerca de prospectos presidenciales tan mediocres.

A desfondo: Cuánta razón tiene el admirado colega Francisco Rodríguez. En su Índice Político de hoy afirma una verdad verdaderamente verdadera: Las comparecencias de ocupantes de oficinas públicas ante comisiones del Poder Legislativo son un fiasco. Los legisladores preguntan lo que quieren, y los comparecientes también responden lo que quieren…

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