De camino a Ziquítaro, 11–I–011


Las fotos, de Silviano Martínez Campos, son desde medio camino a Zináparo, hasta la entrada de Ziquítaro, pasando por Penjamillo. Las dejo tal cual las tomé, sin editar y con su fecha equivodaca del 2005, por culpa de la camarita. En realidad, son de media mañana, tirando a tarde, del 11 de Enero del 2011, víspera del día de la fiesta patronal, La Virgen de Guadalupe, en Ziquítaro, el ombligo del mundo, propiamente hablando.
Mantengo la viejísima costumbre desde niño de cuando viajé, a pie, en burro, en caballo, en tren o en autobús (en avión casi nada, más bien poco, sobre todo ahora que ya empieza a írseme el avión, je je je).
Aunque debira ser más seguido, este camino lo recorro de vez en cuando y me regocijo en ver mi paisaje, el de mi región, sea de cualquier lado de la ventanilla en que viaje en el autobús suburbano, o en carro, dado el caso.
Recuerdo, allá por los cuarenta, que esta ruta era pura brecha. En aquellos viejos tiempos y poquito después también, se viajaba de Ziquítaro, a Penjamillo, en caballo, en burro, o a pata (a pie, quise decir), si de en secas o en aguas se tratara. O en “La Joven Bella”, de don Alvaro Mejía, El 2001 de la familia Montejano, el Amor Chiquito, El Ciclón de don Mele (Melesio Molina), si de tiempos de secas se trataba. Como digo, en las aguas a puro burro si se era más o menos “proletario”, a caballo si se era un poco más “democrático” o de plano a pie, si de los de a más abajo en la escala social y en la consideración pública, se trataba.
Pero de Penjamillo, (me informé un poco durante los dos años de colegio que pasé en la cabecera de mi municipio), pues de plano, no sabía de niño cómo se iba a La Piedad. En camión, lo supue pues luego y recuerdo a El Obrero, el mismo Amor Chiquito y el mismo Ciclón, con sus viajes por la orilla del plan, pasando rancherías ( Las Flores, La Cuestita, Arroyuelos, hasta Numarán y La Piedad), en plena brecha, mucho antes que llegara la carretera.
Llegué a saber que por inicitiva de algún sacerdote, se hizo una especie de calzada (de piedra, desde luego) en algún tramo , o en todo el trayecto, no recuerdo,de Penjamillo a Zináparo.
Vendría pues luego la carretera, de La Piedad a Purúándiro, pasando Numarán, Zináparo, Penjamillo, Patambarillo y Patámbaro, San Francisco y anexas . Sembrada luego la carreterade baches, claro, pero después de muchos años habría de lograrse hacerla mejor y más transitable desde luego.
Como digo, me gusta ver, contemplar mi paisaje y eso, con todo lo demás que encierra uno en el dicho de genio y figura, hasta la sepultura, pues de plano seguirá conmigo hasta el final. Y no crea, entre más lejos anda uno en las aventuras o en las necesidades que da la vida,más nostalgias del terruñ se sienten. Por eso recuerdo aquella vez que llegué a León desde la frontera norteña, en un avión mexicano (viaje gratis desde luego). A Macallen había llegado en un avión norteamericano, de esos de la segunda guerra, creo (viaje gratis también) , desde California. Es que andaba yo de “mojado”, sin haberme desde luego mojado en el río. Cuando quiera regresar, véngase legal, me dijeron y me dieron la despedida.
Decía que llegué a León (Guanajuato) y comencé luego a reconocer mi paisaje. Medio árido en tiempo de secas, su cielo tan limpio, sus montes tan bellos y, desde luego, sus casahuates, je je . Y digo que entre los árboles, el casahuate es uno de mis preferidos, desde la infancia, será por despreciado (su madera parece ser de quinta categoría y sus flores no adornan bodas ni banquetes, pero sí las visitan las abejas) y frágil.
Cosas de la historia personal, como son los seis años de fructífero encierro en los internados, en tierras de la lejana Puebla. Y digo esto porque alguna vez que regresé de vacaciones, en pleno mes de octubre cuando el campo empezaba a madurar sus mazorcas y rastrojos, contemplé, gocé de su paisaje fundiéndome con el camino, los aromas de las flores, la limpidez del aire y aquellos cerros que rodean al Valle de Penjamillo.
Entonces, a principios de los cincuenta se llegaba a La Piedad en la mañanita, en el tren que salía de la ciudad de México a eso de las siete de la noche del día anterior.
Todo fue llegar a La Piedad, ir a buscar a don Rubén Alvarez, el paisano residente aquí, taxista, solicitarle un viaje a Numarán y llegar al mesón (los hospedajes de entonces para burros, caballos y personas). Habiamos convenido con mi papá, por carta desde luego, no había teléfono y menos en su modalidad de celular, en que me encontraría en el mesón.
Esperé un tiempo razonable, encargué mi beliz (mi maleta) en el mesón, y me fui caminando por toda la orilla de la ceja del cerro, pasando rancherías, disfrutando de las veredas, cortando una que otra caña de maíz para refrescar la garganta, gozando del aroma de yerbas y flores y contemplando cerros y mogotes del entorno, que usted tal vez llegue a identificar en estas fotos.
El caso es que pasé por Penjamillo y ya en La Mesa, un potrero a medio camino con Ziquítaro, me encontré a mi papá y a mi hermana Petrita quienes a caballo ¡quienes me iban a encontrar a Numarán!. Para mi no fue ningún transtorno la caminata, al contrario, agradable y reconfortante aventura, en contraste con el fructífero encierro (fructífero para mi vida) en la Puebla de los Angeles.
¡Esos cerros, esos caminos (aun cuando ahora pavimentados), esos pastizales ahora dorados por el avanzado Enero, esa plaza de Penjamillo ahora tan bella, pero con su atractivo también antes; ese camino a Ziquítaro, testigo de mis caminatas entre lodo, terrones o piedras, según temporal, cuando iba al colegio, ahora con nueva fisonomía colegio y camino; ese casahuatal donde decían que asustaban de noche, pero a mi no me asustaron cuando pasé con un gran miedo a pie y solo, una noche del 49, creo!.
Todo eso, digo, está en mis recuerdos y mis nostalgias, y tal vez algo de eso plasmado en estas fotos que quizá le digan también algo a usted, paisano de ahora, de estos tiempos de velocidad, comunicaciones instantaneas y caminos de Michoacán no tan agrestes ni solitarios como los caminos aromáticos de antes. (smc).

















































































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Una respuesta

  1. muy bonitas las fotos traen bonitos recuerdos de la nines, especialmente cuando sembrabamos ahi en el mezquite boludo. gracias por poner las fotos ayudan a ver nuestro pueblo sin ir y eso cuenta mucho para mi. alejandro

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