FANT.4. EL ANGEL DE LA GUARDA

FANT.4- EL ANGEL DE LA GUARDA
De El Taller
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[editar] EL ANGEL DE LA GUARDA

Silviano Martínez Campos

—Oye niña, ¿Por qué siempre pides una ayudita para tu hermanito enfermo?, ¿De qué padece?

—De su mente.

—Pero ¿Por qué siempre te encuentro aquí y allá? El otro día estabas en el portal del centro, donde se compone el mundo. Luego frente a la escalinata del templo, donde se santifica, y ahora nos encontramos aquí, mientras reposo de la caminata. Andas por todas partes, te pareces a mí.

— ¿Cree que nos parecemos? Usted está medio viejo y yo apenas soy una niña. A no ser nos parezcamos en el gusto de andar por estos mundos.

—Para tu edad, razonas muy adulta. ¿Cuántos años tienes?

—Sin cuenta, pero podrían ser sesenta.

—Qué broma, si es mi edad. Cómo adivinas y es mucho tu parecido con una persona a la cual medio conozco. ¿Cómo te llamas? —Silvia.

—Es curioso, con un no agregado, se forma mi nombre. Mira niña, me intrigaste, quién eres o qué haces, de seguro alguien te platicó de mí, y te encomendó me fastidiaras. No sigas, porque vas a ocasionar me dé un mal que los adultos llamamos paranoia.

—Nadie se vuelve loco por recibir un mensaje de paz. Yo lo conozco desde hace tiempo. ¿Recuerda cuando travieso, de un palo hizo escalera, la apoyó en la pared, sacó a la golondrina de su nido, la traía entre sus manos, la llevó a la cocina, pero el pájaro, atraído por el fuego escapó y fue a quemarse en el fogón? ¿Me va a negar ahora que su cariño por los animalitos es por sentirse culpable de haber chamuscado la golondrina?

— ¡Ay niña!, pareces fiscal, ya me acusaste, pero no te preocupes, peores cosas conocerás de mí, y no vas a pretender que las difunda. Síguele, me pongo en el banquillo.

— ¿Por qué, cuando adolescente, escapó del Seminario? Eso que escribe, bien podría ser un sentimiento de cura frustrado, antes de verdadero espíritu cristiano.

—Quiero a los padrecitos porque también a través de ellos se me dio el don, por eso no puedo ser anticlerical. Pero tampoco clerical, y tengo mis razones: el mundo no se divide, si en forma alguna debe dividirse, entre clericales o anticlericales, sino entre quienes obran la justicia o luchan contra ella.

—En sus entrevistas imaginarias maneja indistintamente el yo y el nosotros y hasta pretende hablar en nombre del homo sapiens, ¿No es eso megalomanía, delirio de grandeza?

—Aquí sí me perdonas, niña fastidiosa. ¿Qué no has echado una ojeada al mundo maltrecho en que vivimos?, ¿No ves que está desintegrándose y ante una eventualidad de desastre todo humano tiene el deber no sólo de hablar sino además de actuar por todos y junto con todos?

Hablar y actuar –-el pensamiento es también acción–, desde las páginas o las ondas; pero además, hablar y actuar en lo pequeño y en lo grande, desde lo comunitario, no sólo por buscar una mayor justicia, sino además para contrarrestar lo que haya de mortífero en la cultura que infesta las aguas, los vientos y los suelos. ¿O quieres cada aldea trastocada en basurero?

¿O no crees que muchos de nuestros males derivan de haber dejado el manejo de la vida pública a los ególatras y ambiciosos y por tanto es deber reivindicar la política, cada quien como quiera y pueda, en la sigla de su gusto o en ninguna, pero siempre participativos?

¿Crees apoco que si los cristianos todos y no sólo los del santoral hubiéramos alcanzado la coherencia entre el pensar, creer y obrar, el planeta estaría tan averiado?

—Te llegué al amor propio, no te enojes, ni solo descompusiste el mundo ni solo vas a componerlo, ya es mucho te pre-ocupes. Ni soy tu fiscal, aun cuando sí severa si te apartas del camino. En el curso de tu larga vida cuántas veces he tendido mi mano amorosa y previsora parea que no caigas al abismo. Nací contigo y te acompaño siempre, soy, pues, tu Ángel de la Guarda.

—Por allí hubieras comenzado, me estabas asustando. Pero dime, angelita, ¿por qué tardas tanto en hablarnos?, ¿Acaso intervienes sólo en momentos de crisis, cuando al parecer ya todo está perdido?

—Comencé a cortejarte, ¿lo recuerdas?, en aquellos bosques de África. Dabas entonces tus primeros pasos de encorvado, no por el peso de tu historia, sino porque no atinabas aún en decidir si clavabas tu mirada en la tierra, o alzabas la frente para aprender a mirar a las estrellas. Yo misma te embromé y en un dos por tres ya cazabas, y después saltando mares, cruzando continentes, llegaste a los rincones de la Tierra, te volviste agricultor, constructor de ciudades, aprendiste la palabra y la hiciste alfabeto, para llegar a tu mundo de hoy, manejando la imagen, la computadora.

—Hablas ahora del homo sapiens. Así en abstracto me siento más seguro. Lo general no compromete: puedo manejar cifras y hacer del hombre una ficha y trastrocarlo en cosa y en recurso. En lo particular, tengo qué meterme en los zapatos del hermano, como tú cuando pides para tu hermanito enfermo. Me intrigas, angelita. ¿Los ángeles también se enferman?

—Tengo un hermanito enfermo. Enfermo de su mente desde niño. Eran cuatro las semillitas regadas en su huerto, pero una al cruzar su cielo se averió y llegó dañada. Desde entonces hay pena, dolor, muerte, maldad y egoísmo en tu planeta; pero venimos al rescate y cual expertos caporales hemos lazado a tu Tierra para sacarla de las profundidades del abismo, llevarla al país de la luz y hacer de ella el corazón del cielo.

—Hablas no como ángel, sino además manejas tú también el yo-nosotros, cual si formaras parte de un equipo.

—Un equipo inmenso quizá. Tu Ángel de la Guarda está enlazado a una red amplia y diversa con miríadas de hombres que aman en selvas y desiertos, islas, continentes, aldeas y metrópolis y desde ese gran equipo conspiran por la vida y no todo en tu mundo está perdido.

Son quienes aman el pro-greso, no al grado de hacerlo ídolo y adorar su cara destructiva; aman la ciencia mas no como explicación última del hombre; la religión que libera, pero no en sus aspectos mortíferos que matan y enloquecen; la letra y la cultura, pero exaltan el espíritu. Son humanistas que sólo creen en el hombre y sus obras, pero también los humanistas-creyentes, con un pie aquí, y otro allá, o mejor, peregrinos constructores de la gran utopía que se les dona.

—Curiosa tu “Internet”. No me digas, angelita, que ha quedado establecida una especie de “Intercosm”, una trama de estrella en estrella, de galaxia en galaxia y de universo en universo y tú serías enlace, entre ángeles y planetas.

—Mi Internet es sólo modestamente planetaria. Une conciencias, une voluntades, afectos y aspiraciones, utopías y sueños, entre ellos hacer real el canto al que el gran Beethoven puso coros.

Soy ciertamente el Ángel de tu Guarda, mensajero de nuevos tiempos en tu Tierra, nacido en cada hombre desde que germina en él la semillita. Soy tu conciencia libre y responsable, engarzada con otras mil, al igual que responsables, libres.

Imagina tus redes tecnológicas y verás que enlazan mentes y mensajes, pero también estados financieros, planes, programas, coloquios de la ciencia, secretos del saber, es tu conocer profundo y muy diverso; pero hay otras redes donde se engarzan culturas, sanas costumbres perdurables, tradiciones sin fin desde tu cuna de África y todas conspiran para que seas uno, plural, diverso, animado por el espíritu del ascenso.

Una más en la cual el vaivén de cada rama, el aleteo de la hoja y la sonrisa de la flor hacen señas a hombres y animales y juntos todas vibran diversos y al unísono, animados por fuerzas misteriosas y por ellas habla el mundo en el canto de pájaros y en la voz del hombre, expresada en tres mil o más lenguas, en el Internet de lo viviente.

Y baja hasta el centro, donde se compone la sinfonía de lo real, se tejen los filamentos de las cosas, se trenzan los afectos, se elabora la trama de los sueños, nace el proyecto concertado de hacer de tu Cosmos un cielo, es la matriz, la madre, la energía creada en el primer instante, es la Internet de lo objetivo.

No llegas a él si no te despojas de lastres, tomas tú mismo un par de alas porque se vuela en sus espacios cruzando cielos tempestuosos, es la Internet de la poesía y el arte. Allí es donde intervengo yo, tu ángel, en concierto con muchos otros seres y juntos en red de comunión, agradecemos y alabamos, pedimos y ofrecemos, lloramos o reímos, sufrimos o gozamos, es la Internet de la plegaria.

Y sin dejar de ser tu Ángel de la Guarda, te enlazo con las Fuentes de la Vida, donde no hay nombre posible que agote su presencia, pero puedes darle cualquiera que apunte a las alturas. Por mí, uno te propongo: Sabiduría-Amor-Vida Verdadera que crea, enlaza y anima todas las Internet del cosmos y aquí en tu Tierra, sabiduría donada de pueblos y personas que puede y debe enderezar tu mundo y sólo así podrás curarte tú, quien eres mi hermanito enfermo.

(Publicado en GUIA, Semanario Regional Independiente, Zamora, Mich., México, 28/V/1995, Ventanas, Pag. 9-B y en ETCETERA, semanario, La Piedad, Mich.)

Reproducido en Mi Ziquítaro, Silviano’s Web 2

GNU Copyright (c) 2007 Silviano Martínez Campos. Se autoriza la copia, la distribución y la modificación de este documento bajo los términos de la licencia de documentación libre GNU, versión 1.2 o cualquier otra que posteriormente publique la Fundación del Software Libre (Free Software Fundation); sin secciones invariables (Unvariant Sections), textos de portada (Front-Cover Texts), ni textos de contraportada (Back-Cover Texts).

Se incluye una copia en inglés de esta licencia en el artículo Text of the GNU Free Documentation License.
Obtenido de “http://eltaller.us.es/index.php/FANT.4-_EL_ANGEL_DE_LA_GUARDA”
Categorías: Documentos GFDL | Obras de Silviano Martínez Campos

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