MOSAICO, 9–IX–010

Martínez Campos, 9/IX/010
GUIA

MOSAICO
Silviano Martínez Campos
LA PIEDAD, 9 de Septiembre.- DE DOS COSAS heme arrepentido (esto fue para evitar el hiato de me he, aun cuando no logrelo del todo): de haber rasgado, roto, destruido un libro, y de haber tirado a la basura, junto con un misal bilingüe, la gramática latina en la que estudié mi barnizada de latín. En el primer caso, el miedo a la censura o tal vez a la expulsión, porque la mera verdad el tema de la novela, era peliagudo para un adolescente, en aquellos lejanos tiempos. En el otro caso, en la efervescencia de los setenta, cuando había que deshacerse de todo, aún con el riesgo de tirar la tina de agua sucia con todo y niño, todo lo que fuera latín quedaba minimizado, porque no entendimos que se retiraba sólo de la celebración litúrgica. Y resulta que ahora, muchos años después, hasta en el Vaticano, en su sitio web, además de idiomas modernos y uno más oriental, se contiene una sección en latín y además se ha editado un novísimo diccionario, o vocabulario, modernizado. De alguna manera relaciono esto con la quema de libros que hicieron el cura, el ama y no recuerdo si estaban por allí el bachiller Sansón Carrasco y tal vez Sancho Panza, aunque la lectura no era su fuerte, porque la atroz prisa me impide verificarlo. El caso es que todo aquel equipo, y a través de él, Cervantes, el genial escritor que sí sabía de libros y además escribirlos, se desquitó contra la literatura que no era de su gusto, como los famosos libros de caballería, aun cuando se salvara de la quema uno que otro. PERO NO ES lo mismo la realidad que la ficción, y si antes las quemas eran toleradas (menos por los autores), ahora la cosa no es tan fácil. Así es de que el anuncio, o más bien deseo del pastor norteamericano de que el once de septiembre se queme El Corán, despertó indignación y justificado temor tanto, que la misma secretaria de estado en los USA y en el Vaticano, mostraron su rechazo y preocupación. Es que no es lo mismo una quema en un rincón inquisitorial medieval o en un patio de ficción literaria, que a la luz de todo el mundo. Un acto de intolerancia, que traería consecuencias no deseables, en un mundo crispado por conflictos y temores. Y si han de morir los libros, yo espero que no, por efecto del cambio de tecnologías, que lo hagan de muerte natural y no quemados por la intolerancia fanática y además peligrosa. ESTÁ BIEN, EL Presidente puede viajar en dos por tres a una zona de desastre, desastres desafortunadamente cada vez más frecuentes en México; los mineros chilenos atrapados por un derrumbe pueden comunicarse con sus familiares desde la profundidad de la mina, durante larga espera mientras todos esperamos sean rescatados; los desplazados por el agua en decenas de poblados del Sureste mexicano, pueden aunque sea recibir paliativos en alimentos y medicinas, mientras termina el diluvio. Todo eso era imposible décadas antes, cuando no sólo por tierra sino por aire, estábamos más aislados. Los adelantos tecnológicos formidables.

Pero todo este desastre nos está “reeducando”: solidaridad organizada, generosidad como estilo de vida, adiós a la improvisación, admiración por los cerros, pero adiós al edificar en sus faldas; admiración por los ríos, pero adiós a edificar en sus orillas; himnos sin cesar a la hermana agua, pero cuidarnos mucho de sus enojos. Pero sobre todo, como expresa el sabio (L. Boff), aceptar nuestros límites. Como personas, para qué tenemos 20 casas, si sólo necesitamos una; para qué cinco carros, si s ólo necesitamos uno. Y luego, para qué un jet ejecutivo, si podemos viajar en avión comercial.
CAMBIO DE FRECUENCIA porque ya penetré en el reino de los sueños. Mejor digo que es bueno conmemorar (celebrar también, desde luego) nuestras gestas históricas. Todos sabemos que nuestra persona es heredera de todo lo que recibe, desde la infancia (desde antes, desde luego), hasta la última despedida, cuando si tiene la suerte, es cubierta de atenciones y apapachos. Y nuestra comunidad, nuestro país, heredero de lo que fue antes. De lo que le fue entregado (tradición). Y a propósito, celebrar, gritar, echarse sus pulques y participar en el gran jolgorio (popular) u holgorio, sin desmandarse porque la mera verdad, muchos sabemos las penalidades del día siguiente. Claro, luego hay qué bajar del pedestal a los héroes, pero aprender de ellos, de su humanidad, para hacer nuestro entorno mejor que el de ellos. Y que ¡Viva México!. México es de todos, no sólo de quienes se han expropiado para su beneficio de sus riquezas, o de quienes se han expropiado para su beneficio grupal sus tradiciones o costumbres valiosas. Nuestra herencia es indígena, es europea.
Y que se enseñen, en las instituciones adecuadas, tanto latín y griego como lenguas indígenas. Y si los indígenas conservan sus tradiciones y fundan sus propias instituciones educativas, que pasen algo a esta sociedad nuestra, acelerada, manipuladora de la naturaleza y por lo tanto destructiva. Y sí, la salvación está en volver a lo natural, a la sintonía con el suelo que pisamos y con el aire que respiramos y con el firmamento que miramos (si las luces de la ciudad nos lo permiten). Y en eso también, los pueblos originarios son nuestros maestros, si no se encierran en sí mismos para pretender salvarse solos de la debacle universal.

(www.lapiedadymiregion.wordpress.com; http://www.ziqauitaromipueblito.wordpress.com;www.silviano.wordpress.com).

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