MOSAICO, 28–IV–010

Martínez Campos, 28/IV/010
GUIA

La bellísima constelación, familiar desde cuando niños

Foto del blog de Isabel Quiroz


La maravilla del Telescopio Hubble

MOSAICO
Silviano Martínez Campos
LA PIEDAD, 28 DE Abril.- DE PLANO CREO que no tengo remedio. Trato, sin embargo, de sacarle provecho a mis fijaciones y a mis remembranzas. Cómo no voy a recordar al Tejón y al Chango, al Mantel y al Torcazo. Los primeros dos eran perros; los segundos dos, eran bueyes.

Foto de Silviano, en La Piedad


El Tejón, rayado de negro con fondo café. El Chango, negro, negro como el cielo nublado de noche. El Mantel, fondo blanco y diseños rojos: un verdadero mantel. El Torcazo, negro con blanco, cornamenta gacha y de temperamento manso, manso, manso, a tal punto que hasta se le podía montar como a burro.

Mostrada por Miry, y Emmanuel, adolescentes


Del Tejón sé decir que llegó a quedarse toda la noche cuidando el apero. Del Chango sé decir que me sumían en la melancolía, aquellos aullidos por las tardes, y decían que dizque porque extrañaba a mi papá don Encarnación, entonces de bracero en los USA.

Foto de Silviano

NOSTALGIAS DE PERRO; pero llegué yo mismo a sentir nostalgias de joven, de la tierrita, durante mi excursión laboral a las Californias. Y ni modos, de indocumentado.

Foto de los setentas


Pero entonces, en los cincuentas, la “migra” no tenía fama de agresiva con los paisas, salvo la de Texas, según decían. Quedaban todavía las inercias de la recién pasada guerra mundial, cuando nos necesitaban y bien sabíamos que de alguna manera se hacían de la vista gorda cuando necesitaban la “mano de obra barata” los granjeros, porque los “gueros” le sacaban a trabajar en el campo, no sólo, creo, por no maltratarse las manos, sino porque los sueldos eran a nivel de salario mínimo (por hora), ese salario mínimo que aquí, y donde quiera, será muy legal pero es muy injusto porque no acaba con el hambre.

Foto de Silviano, principios de los cincuenta


Y por eso nos íbamos y nos vamos. Pero los mandamases de Arizona resultaron más agresivos y con su ley penalizan al indocumentado. Ellos sabrán, es su ley, pero sea por inhumana, racista y arbitraria, sea porque no va a funcionar, hay oposición oficial y social, allá y aquí, y más allá.

A la hora del zapateado. Foto de Silviano, de allá por los setenta


De los cincuenta, a la fecha, el mundo está más interconectado y vamos a ver quién gana, si el primitivismo, o el nuevo espíritu emancipador. SIGO CON LA segunda parte de la misma frecuencia, para decir que El Mantel y El Torcazo, hacían buena yunta.

Foto de Silviano, en los setentas


Fácil encontrarlos en la oscuridad entre la breña, darles su nopal medio quemado, uncirlos y luego, por mi parte, andar tras ellos sembrando el garbanzo surco por surco, o el trigo a manteo. Hasta eso, mi papá era madrugador.

Foto de Silviano en los setenta


Lo despertaba el gallo y creo que a hora fija y daba gusto y un cierto dejo de misterio, el caminar bajo aquel cielo estrellado, cobijado por aquel aire frío y limpio, de los últimos meses del año. Y por qué no recordar al tío Talí, entonces joven, con su caballo flor de durazno, y aquella cancioncilla que se entonaba, a grito abierto: “por el marco que tiene la puerta, por el lado donde sale el Sol, “stá” un letrero que dice: Modesta, sí señores, mañana me voy”.

Telescopio Hubble, en su vigésimo aniversario

CAMBIO DE FRECUENCIA para decir que mis conocimientos “astronómicos” no iban más allá de identificar al Arado (el cinturón de Orión), las Cabrillas (dicen que son como 200 estrellas), al Lucero (mucho después supe lo de Venus) y la Luna en todas sus apariencias.

Pero sí contemplaba y me gustaba pasearme por sus veredas, del Camino de Santo Santiago (Vía Láctea). De todas maneras, en el temprano despertar a este maravilloso mundo, llegué a pensar (más bien a sentir) que grillo y estrella, eran la misma cosa, sólo que una brillaba y otro cantaba y ambos eran la voz y el palpitar del Universo (esto, desde luego, ni por asomo lo iba a razonar un niño de 5, 6,ó 7 años). SETENTA AÑOS DESPUÉS, dentro de un planeta Tierra en convulsión y en proceso de parto, me doy, nos damos cuenta de que el Universo es nuestro, somos sus habitantes y hay, efectivamente, vida en él. Vida esparcida por todos lados, diversa, plural, multiforme, bella, en cada ser un pensamiento del creador y cada uno de ellos, un palpitar el Cosmos, en el grillo y en la estrella. Claro, el telescopio Hubble, gran invención humana, en sus veinte años cumplidos, amplió nuestra mirada y nuestra admiración. Ahora estamos seguros de que hay vida en el Universo. Somos nosotros. SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo, a semejanza de aquel astronauta viajero entre las estrellas en 2001 Odisea en el Espacio, hizo su propio viaje, pero guiado por entidades extraterrestres semejantes a máquinas con escafandras amarillas y doradas, semejantes a buzos estelares. Aquel individuo ya no sentía lo duro sino lo tupido, porque los seres maquinales le enseñaban las distancias en parsecs y kiloparsecs, las medidas de los astrónomos para adentrarse en las estrellas y galaxias. Aquello no tenía fin, la mente, era limitada para entenderlo. Y aquel individuo prefirió tocar un cuerpo humano, antes que alcanzar una estrella. Fue cuando revaloró más la riqueza en vida de su planetita, el planetita extraviado llamado Tierra, bendecido con el don prodigioso de la vida.

El Hubble, gran invención humana, acaba de cumplir 20 años


(www.lapiedadymiregion.wordpress.com: http://www.ziquitaromipueblito.wordpress.com; http://www.silviano.wordpress.com).

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